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Los meses más calurosos traen muchos retos, sobre todo con aves grandes. La velocidad del aire es la primera defensa contra el estrés por calor, pero cuando el aire de afuera pasa la temperatura de la piel del ave (por lo general 35 °C / 95 °F), en vez de aliviarla la incomoda más. En esos momentos hace falta otra forma de quitar calor, y la más común es el enfriamiento evaporativo: con paneles evaporativos o con sistemas de nebulización. Aquí hablamos de los paneles, que son los más usados.
Cuando el agua pasa de líquido a gas (se evapora), le quita mucho calor al ambiente. La clave de un buen programa de enfriamiento evaporativo es entender la relación entre la humedad relativa (HR), la temperatura y la fisiología del animal; después, saber sacarle el máximo al sistema.
Cuánto enfría el agua que se evapora
Por cada litro de agua que se evapora en la caseta se le quitan al aire unos 2.4 MJ de calor sensible (8,700 BTU por galón), que se convierten en calor latente, es decir, en humedad. En números redondos: por cada 2.5 % que sube la humedad relativa por el enfriamiento evaporativo, la temperatura del aire baja cerca de 0.5 °C (1 °F).
Las aves necesitan poder enfriarse jadeando, y eso se limita mucho cuando la HR pasa del 85 %. Por eso no se puede seguir agregando agua para bajar la temperatura: si la HR llega al 100 %, aunque el aire esté más fresco, las aves con estrés por calor no logran enfriarse y hay mortalidad.
La regla 27-80
Es cierto que en muchas regiones de granjas hace calor y hay humedad, pero rara vez al mismo tiempo. Normalmente la mañana y la tarde-noche son más frescas y húmedas, y la media tarde más caliente y seca, y el punto de cruce está cerca de los 27 °C. De ahí la regla: en la mayoría de los casos, si afuera hay 27 °C (80 °F), la humedad ronda el 80 %. Esto pasa porque la capacidad del aire para cargar humedad aumenta al calentarse. Así que, salvo en tormentas de verano, con más de 27 °C se pueden encender los paneles y la humedad todavía se evapora bien dentro de la caseta.
Puntos que conviene recordar
Los paneles no deben trabajar las 24 horas. En general basta de las 10:00 a las 22:00, o mientras la temperatura pase de 28 °C (82 °F). ¿Por qué?
- Los paneles deben secarse al menos una vez al día para evitar que crezcan algas.
- Ayuda poner un alero sobre los paneles para taparles el sol, otra vez para frenar las algas.
- El uso excesivo acorta la vida de los paneles y de la bomba.
- Con la humedad de los paneles trabajando toda la noche, la cama no alcanza a secarse.
Los ventiladores deben seguir encendidos hasta que la temperatura de la caseta baje lo suficiente para que el calor ya no sea un riesgo.
- Puede ser hasta muy noche o la madrugada. Al enfriarse, a las aves les vuelve el apetito y generan más calor antes de calmarse. Eso es muy bueno para el rendimiento, pero obliga a dejar los ventiladores toda la noche.
El aire más fresco y más húmedo de la caseta está justo frente a los paneles. Conforme avanza por la caseta, la temperatura sube unos grados pero la humedad baja hasta 20 %, y eso permite que se evapore más humedad en el aire.
La Universidad de Georgia publica prácticas de ventilación avícola que amplían este tema. En VAL-CO, el sistema de paneles evaporativos Oasis y la nebulización de alta presión PolAIR forman la línea de enfriamiento.
Adaptado al español de un artículo que VAL-CO publicó en inglés el 7 de julio de 2017: ver el original en val-co.com. Medidas convertidas a sistema métrico, con la original entre paréntesis.


