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Manejo en clima caluroso: estrés por calor, paneles evaporativos y nebulización eficaz

Resumen en español. El documento completo lo publica VAL-CO en inglés.

Los avicultores conocen bien los extremos, sobre todo los de temperatura. Las condiciones perfectas para criar pueden darse solo unos días al año; el resto del tiempo se trabaja para fabricar el ambiente ideal. Las temperaturas más altas del verano pueden dañar a la parvada, así que hace falta una estrategia de enfriamiento eficaz. Para lograrla, primero hay que entender cómo enfrenta el ave el estrés por calor de forma natural y cómo se relacionan el calor y la humedad.

Las gallinas adultas son homeotermas: producen y disipan calor para mantener constante su temperatura corporal. La temperatura interna de una gallina va de 40.6 a 41.7 °C (105–107 °F). Toleran bastante bien las variaciones, pero su límite letal superior está entre 45 y 47 °C (113–117 °F). Si el productor mantiene a las aves dentro de su zona de confort térmico, o lo más cerca posible, la productividad se mantiene estable. La zona de confort es de unos 32 °C (90 °F) al nacer y baja a 24 °C (75 °F) a las cuatro semanas de edad, donde se estabiliza.

Las gallinas se adaptan bastante bien al estrés por calor. No tienen glándulas sudoríparas funcionales, pero regulan su pérdida de calor con la circulación y la respiración. Primero aumentan el flujo de sangre hacia la superficie del cuerpo para perder calor hacia el aire; es común verlas con las alas separadas para exponer más superficie. Cuando eso no basta, jadean: el enfriamiento ocurre en los pulmones y las vías respiratorias, al evaporarse humedad de los sacos aéreos.

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